Naufragué como un barco en tus caderas,
condenada al exilio de tu cuerpo,
resbalé por tu piel color canela
que exhalaba fragancias en el viento.
Al entrar el canal de tu cintura,
ví la sed de tus ojos lujurientos,
impregné de sudor tu piel desnuda
y quemaste mi rostro con tu aliento.
Me dormí en tu playa de quimeras,
el ocaso pintó de gris la tarde,
sepultamos los muslos en la arena
ante el juego de estrellas en el aire.
SALOMÓN BORRASCA.



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