EL PLASMA QUE ES EL CUARTO ESTADO DE LA MATERIA TIENE EL SECRETO DE LA PIEDRA FILOSOFAL


Quienes afirman que el plasma está en la sangre, tienen una verdad objetiva porque en todos los estados de la materia está la energía del universo y la sangre es nuestro estado líquido. El plasma es un estado propio, es la misma energía creadora que los hombres de la luz ubican en el disco de los deseos, que los metafísicos llaman el centro sexual. En este cuarto estado de la metería está la clave de la piedra filosofal que en la antigüedad los alquimistas consideraban la conversión de los metales en oro, es una verdad objetiva los estados de la materia tiene todos los metales pero las culturas que tenían el conocimiento de la energía en lo micro y en lo macro consideraron siempre el oro como el metal precioso, le hacían culto y lo relacionaban con el astro sol, es es parte de la simbiótica de la piedra filosofal que está en cada uno de nosotros y que cada uno activa desde su propia burbuja. Descubrir los secretos del cuarto estado de la materia es aproximarse a la eternidad de la misma. Así como he dicho que el cielo y el infierno son estados interiores, afirmo en mi ignorancia y reconociéndome como una hierba más, que la tierra prometida, la parte edénica es un estado interior donde el hombre que logra ser asistido por la luz recupera su memoria y regresa al lugar donde fue expulsado. El plasma es la energía del cerebro, no solo es energía creadora, sino también energía que transforma y en efecto puede convertir los metales de nuestro cuerpo en unas energía preciosa alimentada por el mismo éter . No obstante que el poder del plasma es una de las muy pocas cosas que se pueden comprobar en el plano físico por ejemplo por medio de la misma vida, no olvidemos que espíritu es lo que alimenta la materia, ese espíritu es energía , es plasma. Hay mucha gente que lo vive arrojando de su estado edénico, es decir somos nosotros los que nos sacamos del paraíso. La transformación de los metales en oro es un simbolismo de la liturgia más sublime de nuestro espíritu, donde nuestra parte instintiva, nuestra parte humana es controlada por el espíritu e impide que nuestra parte mala active la anti materia. El espíritu del universo, el éter, el padre eterno, Dios o como le quieran llamar a nuestra fuerza creadora, solo es afín a la vida, a la energía. No es el espíritu el que nos abandona sino nosotros los que abandonamos el espíritu.. Nacemos porque dos discos deseos permitieron la manifestación máxima de los electrones y protones ahí está el origen de la vida, un hombre y una mujer se encuentran en un estado de exaltación máxima de conciencia o de inconsciencia, riegan una semilla, está es verdad que sólo pueden entender los hombres de la luz o de la sabiduría tolteca, Umberto Eco el hombre que lo sabía todo y el antropólogo Carlos Castañeda por medio de la simbiótica descubrieron la tragedia que era para los toltecas el derrame. Hasta ahí puedo opinar , el resto es de la sabiduría de cada persona.. Salomón Borrasc

MATEMÁTICA DE SALOMÓN BORRASCA
Se trata de una ciencia nueva inspirada en los conceptos de Aristòteles y Galileo éste último decía que el universo no es más que una composición de números, Aristòteles afirmaba que el hombre puede acercarse a todo por medio de la observación, la deducción, y la lógica,.Salomón Borrasca dice que la energías es ascendente y descendente, habla de que los planos de la energía de Dios son infinitos, para este poeta y matemático de Palmira, Valle, Colombia cada átomo ,cada célula tiene un código de Dios. La matemática cuántica se refiere a la suma y resta de los actos de la conciencia ,quiere decir que con las buenas acciones se suman números superiores de energía y con las malos actos se restan la energía de los campos de la conciencia. la matemática cuántica nos aproxima a Dios aplicando un estricto orden de nuestros actos de conciencia. así como en la matemática creada por el hombre se suman y se resta, en la matemática cuántica se suma y se resta la energía de los campos de la espiritualidad. en la física cuántica o también denominada por los físicos , el hombre reconoce espacios vibracionales de lo intangible, de los inexplicable y denominan estos confines de la energía superior como agujeros negros.

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POS-FILOSOFÍA
Salomón Borrasca dice mi pensamiento no es filosofía , la filosofía te aporta unos argumentos que te conducen A darle poder sólo a lo material. La POS FILOSOFÍA te aporta elementos que permiten encontrar en ti tu propia verdad que no es más que la verdad de el espíritu, las dos se mueven en diferentes extremos, tan grande es el pensamiento como el espíritu, tan grande es la imaginación como la idea.
TEORÍA DE LA POS FILOSOFÍA DE SALOMÓN BORRASCA Todo tiene dos miradas, la que se aproxima a la verdad y la que se aleja de la verdad, incluso, todo tiene varias miradas, porque la energía tiene planos, y todos acogemos una verdad acorde a nuestra necesidad espiritual. Antes de la filosofía, el hombre solo tenía una concepción espiritual de todo, los que tenían riqueza, la veían como un regalo de Dios y los que tenían pobreza, sabían que les faltaba espiritualidad para merecerla. No quiero justificar el papel de Constantino, simplemente imaginamos que sería de esta humanidad si solo tuviese la mirada materialista de los filósofos, en mi parecer, no existe rastro del hombre, nuestros antepasados ​​hubieran entrado en tal depresión que ellos mismos se hubieran inmolado, no es posible, no es viable, sostenerse cuerdo en este reino con la mirada materialista de los filósofos sin la esperanza del espíritu, esa esperanza es la única miel que alimenta nuestros corazones ante la decepción miserable y vileza de la que no tenga un soplo de espíritu.. Necesitamos de esa miel, de esa ambrosía en nuestros corazones para que nuestras células reciban un hálito de esa luz avasallan te de la conciencia universal .
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En el humilde concepto de este analfabeta que no descarta la posibilidad de estar loco y quien considera la verdad como un concepto personal, frase extraída del budismo, los físicos pioneros de la mecánica cuántica y de los agujeros negros, entre otros hombres grandes que se declararon ateos, estuvieron muy cerca de la energía de Dios . Una vez se encontraron con espacios vibracionales cuánticos, sus egos de científicos, que no les permitía aceptar nada por encima de ellos, incidió para que le dieran nombres ambiguos a lo que tenía nombre propio, energía de Dios. Los físicos en su ego no le atribuyen a la materia el elemento de Dios para no sentirse subordinado, entonces para ellos la materia tiene tres estados, el líquido, el sólido y el gaseoso. Y el cuarto estado que es el plasma, está en el sol y en las estrellas, es decir, ni la tierra, ni los mares, ni el hombre tiene ese estado que no tiene forma líquida, sólida o gaseosa y que es energía pura. Cuando manifiesto que la antimateria está en la mente, me refiero a la mente inferior, la mente superior al ser de Dios tiene el plasma y la energía de Dios habita en nuestro cerebro.

lunes, 14 de noviembre de 2011

MARIO VARGAS LLOSA / BIOGRAFÍA






(Arequipa, Perú, 1936) Escritor peruano. Mario Vargas Llosa pasó su infancia entre Cochabamba (Bolivia) y las ciudades peruanas de Piura y Lima.

A los dieciséis años inició su carrera literaria y periodística con el estreno del drama La huida del Inca (1952). Poco después ingresó en la Universidad de San Marcos de Lima, donde cursó estudios de literatura. Viajó a Europa, donde empezó a trabajar en la Radio Televisión Francesa y fue profesor en el Queen Mary College de Londres.

Vargas Llosa publicó su primera obra, Los jefes (1959), con veintitrés años apenas, y con la novela La ciudad y los perros (1962) se ganó ya un prestigio entre los escritores que por aquel entonces gestaban el inminente «boom» literario iberoamericano. Estableció su residencia primero en París y luego en Londres (1867), de donde se trasladó a Washington y Puerto Rico.

Su madurez literaria llegó con La casa verde (1966), verdadera exhibición de virtuosismo literario, cuya prosa integra abundantes elementos experimentales, tales como la mezcla de diálogo y descripción y la combinación de acciones y tiempos diversos, recursos que empleó también en parte en Los cachorros (1967) y en Conversación en la catedral (1969), áspero retrato de la dictadura peruana de Manuel Odría.

En su quehacer novelístico posterior destacan Pantaleón y las visitadoras (1973), La tía Julia y el escribidor (1977), La guerra del fin del mundo (1981), en la que aborda la problemática social y religiosa de Iberoamérica, y ¿Quién mató a Palomino Moreno? (1986), basada en una investigación policial.

La labor de Mario Vargas Llosa como crítico literario se refleja en sus ensayos García Márquez: historia de un deicidio y La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary (1975). En 1976, con José María Gutierrez, codirigió la versión cinematográfica de su novela Pantaleón y las visitadoras.

En 1977 fue nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y profesor de la cátedra Simón Bolívar en Cambridge. Impulsor del partido Frente Democrático, Mario Vargas Llosa se presentó como cabeza de lista en las elecciones peruanas de 1990, en las que fue derrotado por Alberto Fujimori.

Otras obras suyas son La señorita de Tacna (1981), Contra viento y marea (1983), Historia de Mayta (1984) y El hablador (1988). En 1994 recopiló sus colaboraciones periodísticas en Desafío a la libertad y en 1997 apareció su novela erótica Los cuadernos de don Rigoberto, en la misma línea de su anterior Elogio de la madrastra (1988). Obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1986, el Premio Planeta de 1993 por Lituma en los Andes y el Premio Cervantes en 1995. Desde 1984 es miembro de la Real Academia Española.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ/ BIOGRAFÍA



E escritor Gabriel García Márquez nació en Aracataca (Magdalena), el 6 de marzo de 1927. Creció como niño único entre sus abuelos maternos y sus tías, pues sus padres, el telegrafista Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez, se fueron a vivir, cuando Gabriel sólo contaba con cinco años, a la población de Sucre, donde don Gabriel Eligio montó una farmacia y donde tuvieron a la mayoría de sus once hijos.

Los abuelos eran dos personajes bien particulares y marcaron el periplo literario del futuro Nobel: el coronel Nicolás Márquez, veterano de la guerra de los Mil Días, le contaba al pequeño Gabriel infinidad de historias de su juventud y de las guerras civiles del siglo XIX, lo llevaba al circo y al cine, y fue su cordón umbilical con la historia y con la realidad. Doña Tranquilina Iguarán, su cegatona abuela, se la pasaba siempre contando fábulas y leyendas familiares, mientras organizaba la vida de los miembros de la casa de acuerdo con los mensajes que recibía en sueños: ella fue la fuente de la visión mágica, supersticiosa y sobrenatural de la realidad. Entre sus tías la que más lo marcó fue Francisca, quien tejió su propio sudario para dar fin a su vida.

Gabriel García Márquez aprendió a escribir a los cinco años, en el colegio Montessori de Aracataca, con la joven y bella profesora Rosa Elena Fergusson, de quien se enamoró: fue la primera mujer que lo perturbó. Cada vez que se le acercaba, le daban ganas de besarla: le inculcó el gusto de ir a la escuela, sólo por verla, además de la puntualidad y de escribir una cuartilla sin borrador.


Gabriel García Márquez

En ese colegio permaneció hasta 1936, cuando murió el abuelo y tuvo que irse a vivir con sus padres al sabanero y fluvial puerto de Sucre, de donde salió para estudiar interno en el colegio San José, de Barranquilla, donde a la edad de diez años ya escribía versos humorísticos. En 1940, gracias a una beca, ingresó en el internado del Liceo Nacional de Zipaquirá, una experiencia realmente traumática: el frío del internado de la Ciudad de la Sal lo ponía melancólico, triste. Permaneció siempre con un enorme saco de lana, y nunca sacaba las manos por fuera de sus mangas, pues le tenía pánico al frío.

Sin embargo, a las historias, fábulas y leyendas que le contaron sus abuelos, sumó una experiencia vital que años más tarde sería temática de la novela escrita después de recibir el premio Nobel: el recorrido del río Magdalena en barco de vapor. En Zipaquirá tuvo como profesor de literatura, entre 1944 y 1946, a Carlos Julio Calderón Hermida, a quien en 1955, cuando publicó La hojarasca, le obsequió con la siguiente dedicatoria: "A mi profesor Carlos Julio Calderón Hermida, a quien se le metió en la cabeza esa vaina de que yo escribiera". Ocho meses antes de la entrega del Nobel, en la columna que publicaba en quince periódicos de todo el mundo, García Márquez declaró que Calderón Hermida era "el profesor ideal de Literatura".

En los años de estudiante en Zipaquirá, Gabriel García Márquez se dedicaba a pintar gatos, burros y rosas, y a hacer caricaturas del rector y demás compañeros de curso. En 1945 escribió unos sonetos y poemas octosílabos inspirados en una novia que tenía: son uno de los pocos intentos del escritor por versificar. En 1946 terminó sus estudios secundarios con magníficas calificaciones.

Estudiante de leyes

En 1947, presionado por sus padres, se trasladó a Bogotá a estudiar derecho en la Universidad Nacional, donde tuvo como profesor a Alfonso López Michelsen y donde se hizo amigo de Camilo Torres Restrepo. La capital del país fue para García Márquez la ciudad del mundo (y las conoce casi todas) que más lo impresionó, pues era una ciudad gris, fría, donde todo el mundo se vestía con ropa muy abrigada y negra. Al igual que en Zipaquirá, García Márquez se llegó a sentir como un extraño, en un país distinto al suyo: Bogotá era entonces "una ciudad colonial, (...) de gentes introvertidas y silenciosas, todo lo contrario al Caribe, en donde la gente sentía la presencia de otros seres fenomenales aunque éstos no estuvieran allí".

El estudio de leyes no era propiamente su pasión, pero logró consolidar su vocación de escritor, pues el 13 de septiembre de 1947 se publicó su primer cuento, La tercera resignación, en el suplemento Fin de Semana, nº 80, de El Espectador, dirigido por Eduardo Zalamea Borda (Ulises), quien en la presentación del relato escribió que García Márquez era el nuevo genio de la literatura colombiana; las ilustraciones del cuento estuvieron a cargo de Hernán Merino. A las pocas semanas apareció un segundo cuento: Eva está dentro de un gato.

En la Universidad Nacional permaneció sólo hasta el 9 de abril de 1948, pues, a consecuencia del "Bogotazo", la Universidad se cerró indefinidamente. García Márquez perdió muchos libros y manuscritos en el incendio de la pensión donde vivía y se vio obligado a pedir traslado a la Universidad de Cartagena, donde siguió siendo un alumno irregular. Nunca se graduó, pero inició una de sus principales actividades periodísticas: la de columnista. Manuel Zapata Olivella le consiguió una columna diaria en el recién fundado periódico El Universal.

El Grupo de Barranquilla

A principios de los años cuarenta comenzó a gestarse en Barranquilla una especie de asociación de amigos de la literatura que se llamó el Grupo de Barranquilla; su cabeza rectora era don Ramón Vinyes. El "sabio catalán", dueño de una librería en la que se vendía lo mejor de la literatura española, italiana, francesa e inglesa, orientaba al grupo en las lecturas, analizaba autores, desmontaba obras y las volvía a armar, lo que permitía descubrir los trucos de que se servían los novelistas. La otra cabeza era José Félix Fuenmayor, que proponía los temas y enseñaba a los jóvenes escritores en ciernes (Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor y Germán Vargas, entre otros) la manera de no caer en lo folclórico.

Gabriel García Márquez se vinculó a ese grupo. Al principio viajaba desde Cartagena a Barranquilla cada vez que podía. Luego, gracias a una neumonía que le obligó a recluirse en Sucre, cambió su trabajo en El Universal por una columna diaria en El Heraldo de Barranquilla, que apareció a partir de enero de 1950 bajo el encabezado de "La girafa" y firmada por "Septimus".


Con su hijo y su esposa

En el periódico barranquillero trabajaban Cepeda Samudio, Vargas y Fuenmayor. García Márquez escribía, leía y discutía todos los días con los tres redactores; el inseparable cuarteto se reunía a diario en la librería del "sabio catalán" o se iba a los cafés a beber cerveza y ron hasta altas horas de la madrugada. Polemizaban a grito herido sobre literatura, o sobre sus propios trabajos, que los cuatro leían. Hacían la disección de las obras de Defoe, Dos Passos, Camus, Virginia Woolf y William Faulkner, escritor este último de gran influencia en la literatura de ficción de América Latina y muy especialmente en la de García Márquez, como él mismo reconoció en su famoso discurso "La soledad de América Latina", que pronunció con motivo de la entrega del premio Nobel en 1982: William Faulkner había sido su maestro. Sin embargo, García Márquez nunca fue un crítico, ni un teórico literario, actividades que, además, no son de su predilección: él prefirió y prefiere contar historias.

En esa época del Grupo de Barranquilla, García Márquez leyó a los grandes escritores rusos, ingleses y norteamericanos, y perfeccionó su estilo directo de periodista, pero también, en compañía de sus tres inseparables amigos, analizó con cuidado el nuevo periodismo norteamericano. La vida de esos años fue de completo desenfreno y locura. Fueron los tiempos de La Cueva, un bar que pertenecía al dentista Eduardo Vila Fuenmayor y que se convirtió en un sitio mitológico en el que se reunían los miembros del Grupo de Barranquilla a hacer locuras: todo era posible allí, hasta las trompadas entre ellos mismos.

También fue la época en que vivía en pensiones de mala muerte, como El Rascacielos, edificio de cuatro pisos, ubicado en la calle del Crimen, que alojaba también un prostíbulo. Muchas veces no tenía el peso con cincuenta para pasar la noche; entonces le daba al encargado sus mamotretos, los borradores de La hojarasca, y le decía: "Quédate con estos mamotretos, que valen más que la vida mía. Por la mañana te traigo plata y me los devuelves".

Los miembros del Grupo de Barranquilla fundaron un periódico de vida muy fugaz, Crónica, que según ellos sirvió para dar rienda suelta a sus inquietudes intelectuales. El director era Alfonso Fuenmayor, el jefe de redacción Gabriel García Márquez, el ilustrador Alejandro Obregón, y sus colaboradores fueron, entre otros, Julio Mario Santo domingo, Meira del Mar, Benjamín Sarta, Juan B. Fernández y Gonzalo González.

Periodismo y literatura

A principios de 1950, cuando ya tenía muy adelantada su primera novela, titulada entonces La casa, acompañó a doña Luisa Santiaga al pequeño, caliente y polvoriento Aracataca, con el fin de vender la vieja casa en donde él se había criado. Comprendió entonces que estaba escribiendo una novela falsa, pues su pueblo no era siquiera una sombra de lo que había conocido en su niñez; a la obra en curso le cambió el título por La hojarasca, y el pueblo ya no fue Aracataca, sino Macondo, en honor de los corpulentos árboles de la familia de las bombáceas, comunes en la región y semejantes a las ceibas, que alcanzan una altura de entre treinta y cuarenta metros.

En febrero de 1954 García Márquez se integró en la redacción de El Espectador, donde inicialmente se convirtió en el primer columnista de cine del periodismo colombiano, y luego en brillante cronista y reportero. El año siguiente apareció en Bogotá el primer número de la revista Mito, bajo la dirección de Jorge Gaitán Durán.

Duró sólo siete años, pero fueron suficientes, por la profunda influencia que ejerció en la vida cultural colombiana, para considerar que Mito señala el momento de la aparición de la modernidad en la historia intelectual del país, pues jugó un papel definitivo en la sociedad y cultura colombianas: desde un principio se ubicó en la contemporaneidad y en la cultura crítica. Gabriel García Márquez publicó dos trabajos en la revista: un capítulo de La hojarasca, el Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (1955), y El coronel no tiene quien le escriba (1958). En realidad, el escritor siempre ha considerado que Mito fue trascendental; en alguna ocasión dijo a Pedro Gómez Valderrama: "En Mito comenzaron las cosas".

En ese año de 1955, García Márquez ganó el primer premio en el concurso de la Asociación de Escritores y Artistas; publicó La hojarasca y un extenso reportaje, por entregas, Relato de un náufrago, el cual fue censurado por el régimen del general Gustavo Rojas Pinilla, por lo que las directivas de El Espectador decidieron que Gabriel García Márquez saliera del país rumbo a Ginebra, para cubrir la conferencia de los Cuatro Grandes, y luego a Roma, donde el papa Pío XII aparentemente agonizaba. En la capital italiana asistió, por unas semanas, al Centro Sperimentale di Cinema.

Rondando por el mundo

Cuatro años estuvo ausente de Colombia. Vivió una larga temporada en París, y recorrió Polonia y Hungría, la República Democrática Alemana, Checoslovaquia y la Unión Soviética. Continuó como corresponsal de El Espectador, aunque en precarias condiciones, pues si bien escribió dos novelas, El coronel no tiene quien le escriba y La mala hora, vivía pobre a morir, esperando el giro mensual que El Espectador debía enviar pero que demoraba debido a las dificultades del diario con el régimen de Rojas Pinilla. Esta situación se refleja en El coronel, donde se relata la desesperanza de un viejo oficial de la guerra de los Mil Días aguardando la carta oficial que había de anunciarle la pensión de retiro a que tiene derecho. Además, fue corresponsal de El Independiente, cuando El Espectador fue clausurado por la dictadura, y colaboró también con la revista venezolana Élite y la colombianísima Cromos.

Su estancia en Europa le permitió a García Márquez ver América Latina desde otra perspectiva. Le señaló las diferencias entre los distintos países latinoamericanos, y tomó además mucho material para escribir cuentos acerca de los latinos que vivían en la ciudad luz. Aprendió a desconfiar de los intelectuales franceses, de sus abstracciones y esquemáticos juegos mentales, y se dio cuenta de que Europa era un continente viejo, en decadencia, mientras que América, y en especial Latinoamérica, era lo nuevo, la renovación, lo vivo.

A finales de 1957 fue vinculado a la revista Momento y viajó a Venezuela, donde pudo ser testigo de los últimos momentos de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. En marzo de 1958, contrajo matrimonio en Barranquilla con Mercedes Barcha, unión de la que nacieron dos hijos: Rodrigo (1959), bautizado en la Clínica Palermo de Bogotá por Camilo Torres Restrepo, y Gonzalo (1962). Al poco tiempo de su matrimonio, de regreso a Venezuela, tuvo que dejar su cargo en Momento y asumir un extenuante trabajo en Venezuela Gráfica, sin dejar de colaborar ocasionalmente en Élite.

Pese a tener poco tiempo para escribir, su cuento Un día después del sábado fue premiado. En 1959 fue nombrado director de la recién creada agencia de noticias cubana Prensa Latina. En 1960 vivió seis meses en Cuba y al año siguiente fue trasladado a Nueva York, pero tuvo grandes problemas con los cubanos exiliados y finalmente renunció. Después de recorrer el sur de Estados Unidos se fue a vivir a México. No sobra decir que, luego de esa estadía en Estados Unidos, el gobierno de ese país le denegó el visado de entrada, porque, según las autoridades, García Márquez estaba afiliado al partido comunista. Sólo en 1971, cuando la Universidad de Columbia le otorgó el título de doctor honoris causa, le dieron un visado, aunque condicionado.


Con el poeta cubano Eliseo Diego

Recién llegado a México, donde García Márquez ha vivido muchos años de su vida, se dedicó a escribir guiones de cine y durante dos años (1961-1963) publicó en las revistas La Familia y Sucesos, de las cuales fue director. De sus intentos cinematográficos el más exitoso fue El gallo de oro (1963), basado en un cuento del mismo nombre escrito por Juan Rulfo, y que García Márquez adaptó con el también escritor Carlos Fuentes. El año anterior había obtenido el premio Esso de Novela Colombiana con La mala hora.

La consagración

Un día de 1966 en que se dirigía desde Ciudad de México al balneario de Acapulco, Gabriel García Márquez tuvo la repentina visión de la novela que durante 17 años venía rumiando: consideró que ya la tenía madura, se sentó a la máquina y durante 18 meses seguidos trabajó ocho y más horas diarias, mientras que su esposa se ocupaba del sostenimiento de la casa.

En 1967 apareció Cien años de soledad, novela cuyo universo es el tiempo cíclico, en el que suceden historias fantásticas: pestes de insomnio, diluvios, fertilidad desmedida, levitaciones... Es una gran metáfora en la que, a la vez que se narra la historia de las generaciones de los Buendía en el mundo mágico de Macondo, desde la fundación del pueblo hasta la completa extinción de la estirpe, se cuenta de manera insuperable la historia colombiana desde después del Libertador hasta los años treinta del presente siglo. De ese libro Pablo Neruda, el gran poeta chileno, opinó: "Es la mejor novela que se ha escrito en castellano después del Quijote". Con tan calificado concepto se ha dicho todo: el libro no sólo es la opus magnum de García Márquez, sino que constituye un hito en Latinoamérica, como uno de los libros que más traducciones tiene, treinta idiomas por lo menos, y que mayores ventas ha logrado, convirtiéndose en un verdadero bestseller mundial.

Después del éxito de Cien años de soledad, García Márquez se estableció en Barcelona y pasó temporadas en Bogotá, México, Cartagena y La Habana. Durante las tres décadas transcurridas, ha escrito cuatro novelas más, se han publicado tres volúmenes de cuentos y dos relatos, así como importantes recopilaciones de su producción periodística y narrativa.


En una imagen tomada en Bogotá, 1972

Varios elementos marcan ese periplo: se profesionalizó como escritor literario, y sólo después de casi 23 años reanudó sus colaboraciones en El Espectador. En 1985 cambió la máquina de escribir por el computador. Su esposa Mercedes Barcha siempre ha colocado un ramo de rosas amarillas en su mesa de trabajo, flores que García Márquez considera de buena suerte. Un vigilante autorretrato de Alejandro Obregón, que el pintor le regaló y que quiso matar en una noche de locos con cinco tiros del calibre 38, preside su estudio. Finalmente, dos de sus compañeros periodísticos, Álvaro Cepeda Samudio y Germán Vargas Cantillo, murieron, cumpliendo cierta predicción escrita en Cien años de soledad.

Premio Nobel de Literatura

En la madrugada del 21 de octubre de 1982, García Márquez recibió en México una noticia que hacía ya mucho tiempo esperaba por esas fechas: la Academia Sueca le otorgó el ansiado premio Nobel de Literatura. Por ese entonces se hallaba exiliado en México, pues el 26 de marzo de 1981 había tenido que salir de Colombia, ya que el ejército colombiano quería detenerlo por una supuesta vinculación con el movimiento M-19 y porque durante cinco años había mantenido la revista Alternativa, de corte socialista.

La concesión del Nobel fue todo un acontecimiento cultural en Colombia y Latinoamérica. El escritor Juan Rulfo opinó: "Por primera vez después de muchos años se ha dado un premio de literatura justo". La ceremonia de entrega del Nobel se celebró en Estocolmo, los días 8, 9 y 10 de diciembre; según se supo después, disputó el galardón con Graham Greene y Gunther Grass.

Dos actos confirmaron el profundo sentimiento latinoamericano de García Márquez: a la entrega del premio fue vestido con un clásico e impecable liquiliqui de lino blanco, por ser el traje que usó su abuelo y que usaban los coroneles de las guerras civiles, y que seguía siendo de etiqueta en el Caribe continental. Con el discurso "La soledad de América Latina" (que leyó el miércoles 8 de diciembre de 1982 ante la Academia Sueca en pleno y ante cuatrocientos invitados y que fue traducido simultáneamente a ocho idiomas), intentó romper los moldes o frases gastadas con que tradicionalmente Europa se ha referido a Latinoamérica, y denunció la falta de atención de las superpotencias por el continente. Dio a entender cómo los europeos se han equivocado en su posición frente a las Américas, y se han quedado tan sólo con la carga de maravilla y magia que se ha asociado siempre a esta parte del mundo. Sugirió cambiar ese punto de vista mediante la creación de una nueva y gran utopía, la vida, que es a su vez la respuesta de Latinoamérica a su propia trayectoria de muerte.

El discurso es una auténtica pieza literaria de gran estilo y de hondo contenido americanista, una hermosa manifestación de personalidad nacionalista, de fe en los destinos del continente y de sus pueblos. Confirmó asimismo su compromiso con Latinoamérica, convencido desde siempre de que el subdesarrollo total, integral, afecta todos los elementos de la vida latinoamericana. Por lo tanto, los escritores de esta parte del mundo deben estar comprometidos con la realidad social total.



Con motivo de la entrega del Nobel, el gobierno colombiano, presidido por Belisario Betancur, programó una vistosa presentación folclórica en Estocolmo. Además, adelantó una emisión de sellos con la efigie de García Márquez dibujada por el pintor Juan Antonio Roda, con diseño de Dickens Castro y texto de Guillermo Angulo, a propósito de la cual el Nobel colombiano expresó: "El sueño de mi vida es que esta estampilla sólo lleve cartas de amor".

Desde que se conoció la noticia de la obtención del ambicionado premio, el asedio de periodistas y medios de comunicación fue permanente y los compromisos se multiplicaron. Sin embargo, en marzo de 1983 Gabo regresó a Colombia. En Cartagena lo esperaban doña Luisa Santiaga Márquez de García, en su casa del Callejón de Santa Clara, en el tradicional barrio de Manga, con un suculento sancocho de tres carnes (salada, cerdo y gallina) y abundante dulce de guayaba.

Después del Nobel, García Márquez se ratificó como figura rectora de la cultura nacional, latinoamericana y mundial. Sus conceptos sobre diferentes temas ejercieron fuerte influencia. Durante el gobierno de César Gaviria Trujillo (1990-1994), junto con otros sabios como Manuel Elkin Patarroyo, Rodolfo Llinás y el historiador Marco Palacios, formó parte de la comisión encargada de diseñar una estrategia nacional para la ciencia, la investigación y la cultura. Pero, quizás, una de sus más valientes actitudes ha sido el apoyo permanente a la revolución cubana y a Fidel Castro, la defensa del régimen socialista impuesto en la isla y su rechazo al bloqueo norteamericano, que ha servido para que otros países apoyen de alguna manera a Cuba y que ha evitado mayores intervenciones de los estadounidenses.

Tras años de silencio, en 2002 García Márquez presentó la primera parte de sus memorias, Vivir para contarla, en la que repasa los primeros treinta años de su vida. La publicación de esta obra supuso un acontecimiento editorial, con el lanzamiento simultáneo de la primera edición (un millón de ejemplares) en todos los países hispanohablantes. En 2004 vio la luz su novela Memorias de mis putas tristes.

EL SECRETO QUE NO REVELARÉ / Salomón Borrasca






Si estuviera a mi lado no podría
repetirte las frases que marqué,
en las hojas cuarteadas de ese libro
en que se ha convertido mi pared.

Si supieras las cosas que te escribo
en las cartas que nunca te enviaré
y en el diario que sirve de testigo
del secreto que no te revelé.

Si algún día volvieras a mi lado
sonreiría sirviéndote un café,
yo sabría el dolor disimularlo
pues contarte el secreto para qué...

Salomón Borrasca

LABIOS DE SEDA / Salomón Borrasca








labios de seda,
silvestres como violetas
y tímidos como pájaros.
Varias noche los tuve cerca,
tan cerca que pude olerlos
alían a sándalo,
mi lengua hambrienta se los bebió bajo las albas.
Eran salvajes como ella,
como sus quince años,
eran vampiros en mi vagina
que con mi orgasmo se alimentaban,
eran perversos como las calles que recorría
y eran muy dulces cuando me amaban.
Labios de seda
que extraviaron mis deseos.

SALOMÓN BORRASCA

NUEVA POESÍA RUSA / Por Jorge Bustamante García





El poeta y ensayista Jorge Bustamente ha publicado uno de los ensayos más interesante de la nueva poética rusa, lo cierto es que en Rusia hay muy pocos blogs de poesía nueva, este es el medio obligado por el cual los amantes de la lírica nos damos cuenta hoy en día qué sucede con la literatura de cada país.


FUENTE: JORGE BUSTAMANTE GARCÍA

Presentamos aquí a quince poetas rusos, nacidos entre 1946 y 1977, que son apenas la punta del iceberg poético que bulle con toda intensidad y diversidad en la lengua de Pushkin en las últimas décadas. Hace casi cuarenta años en Rusia, en enero de 1965, un grupo de jóvenes poetas y pintores conformaron la Joven Sociedad de los Genios: escribían manifiestos, renegaban contra los escritores de las generaciones anteriores, escandalizaban por su irreverencia y caían más en los separos de la policía que en las páginas de las revistas literarias. Escribían desde la marginación, tanto vivencial como literaria, mientras la poesía "oficial" se degradaba sin remedio. Paradójicamente, esta circunstancia de marginación les dio una total libertad creativa y entre ellos aparecieron varios poetas muy talentosos que, años después, en mucho darían el tono de la producción poética. Cuenta en un reciente ensayo Alekséi Aliojin, director de Arion, la más importante revista de poesía que se publica actualmente en Rusia, que:

los primeros en aparecer fueron los metametaforistas Alekséi Párchikov, Alexandr Eremenko, Iván Zhdánov y los próximos a ellos, Yuri Arábov y Nina Iskrenko. Hablar de su propuesta estética ("metametáfora", "metarrealidad", como la base de un nuevo lenguaje poético) es sumamente difícil, ya que los propios miembros del grupo tenían ideas muy diversas sobre ella. Los unía una notoria (en aquel momento resonante y divertida) complejidad (aunque en diferentes autores este aspecto tenía, por lo visto, diversas fuentes —desde la poética del Mandelstam tardío hasta el surrealismo—), aunada a una inesperada combinación de ironía abierta y actual, lo que en la etapa temprana de la perestroika sonaba no menos fresco y encantador.

Uno de los principales representantes de la Joven Sociedad de los Genios fue Leonid Gubánov, nacido en 1946 y muerto en 1983 en circunstancias un tanto oscuras. Su único libro de poemas, Un ángel en la nieve, apareció diez años después de su muerte. En vida, el autor vio publicadas únicamente doce líneas en la revista Juventud. Comenta Evgeni Evtushenko, en su monumental antología de la poesía rusa Las estrofas del siglo, que Un ángel en la nieve "encierra una propuesta, pero también un destino poético. Semejantes al delirio, versos de Gubánov como '¡Rechazo el paraíso donde la prostituta es la luz!/ Elijo el infierno, donde hay un ángel en la nieve', zumban con mil sonidos concretos al oído y las imágenes brincan por el aire, libres y leves, como el sueño". El talento desbordado y desigual de Gubánov era como un río tempestuoso, que arrastra en su corriente tanto las gravas, los cantos rodados y las arenas, como las esporádicas pepitas de oro, lo que en poesía corresponde a los verdaderos hallazgos.
Otros poetas de esta generación, como Yuri Kublanovski, Alekséi Tsvétkov y Lev Rubinshtein, emigraron antes del fin de la Unión Soviética y luego han regresado a una Rusia que se dice distinta, pero que al fin y al cabo conserva sus infinitos problemas desde los tiempos del zarismo y el socialismo. Kublanovski emigró en 1982 y regresó en 1991. En la emigración publicó varios libros de poemas, alguno de ellos prologado por Joseph Brodski. El verso de Kublanovski es preciso, aguzado, pulido, muy a lo Mandelstam, pero con la diferencia de que posee una gran carga de ironía que a veces se convierte, paradójicamente, en indefenso sentimentalismo. Por su parte, a Tsvétkov —traductor de Nabókov al ruso y doctorado en literatura por la Universidad de Michigan con una curiosa tesis sobre La lengua de Platónov— le interesa, en su poesía, la perfección de la forma y los alcances de la agudeza. En cambio Lev Rubinshtein siempre ha afirmado que escribe poesía no importa cómo, lo que importa es que es diferente. Aunque no escribe con rima (lo que en poesía rusa es casi inevitable), por alguna razón aparece siempre en sus textos la poesía. En este poeta hay una capacidad estética condicionada por la época, por la estructura del lenguaje y la mentalidad actual.
Una de las voces más brillantes de la nueva poesía rusa fue, sin duda, Nina Iskrenko (1951-1995). Esta vanguardista, nutrida en lo mejor de la tradición futurista rusa, gustaba de romper los cánones y los estereotipos, infringía ciertas tradiciones que le sabían insípidas, pero en su iconoclasia nunca perdió de vista su amor hacia el mundo, hacia sus amigos, hacia la vida. Su poesía agitaba la vida de la estancada Moscú, a principios de la perestroika, cuando por primera vez los poetas más sarcásticos del underground soviético salían de los sótanos y azotaban con sus voces gruesas las calles, las buenas conciencias y las plazas. Iskrenko amaba las fiestas, los encuentros. No le gustaba, en cambio, el sentimiento melancólico y triste que percibía alrededor. Con su muerte, la obra de Nina Iskrenko comenzó a flotar rápidamente como una pluma sobre la poesía rusa actual. En sus versos, en sus poemas, era natural y espontánea, en ellos no cabían ya las discusiones sobre el formalismo, que tanto le inquietaron al principio: la forma de sus versos era como la forma de su vida, una manera de moverse y respirar.
La obra de los poetas del Siglo de Plata, como Blok, Jlébnikov, Ajmátova, Tsvetáieva, Jodassievich, Pasternak y muchos otros, ha influido decididamente en los autores de las nuevas generaciones (curiosamente, el que menos ha dejado huella es Maiakovski, el famoso poeta de la revolución). Pero quizás el que mayor magnetismo ha ejercido sea Osip Mandelstam. Incluso en muchos poemas se hace referencia directa a este poeta, que vivió acosado y perseguido por el voraz poder autoritario y que desapareció en medio de la marginación absoluta y el asedio sin límites, contra toda esperanza. Pero no pudieron desaparecer su palabra perturbadora y ambivalente, que renació después con toda fuerza en muchos de estos poetas en el cruce de dos siglos. Un claro ejemplo es, sin duda, Iván Zhdánov, quien permite entrever que ha sido un profundo estudioso del verso mandelstamiano, con todos los avatares de su escritura cifrada, con todas sus complicaciones rítmicas y métricas. Zhdánov parece entender que Mandelstam fue un obseso de la palabra, pero también del sonido y el silencio, de la mirada y los sentidos y apuesta a seguirlo, consciente de que hablar es estar siempre en camino. El eco de Zhdánov parece llegar todavía más lejos, a un poeta más joven, Arseni Zamostiánov (1977), quien hace una celebración del "sol mandelstamiano" en un tono sobrio y decisivo: "El sol mandelstamiano inspiró y recompensó/ con su luz brillante./ En la miseria acrecienta la fortaleza y el fuego./ A su lado no temo al hambre, al frío, al bochorno ni al tifo".

AMPARO ROMERO VÁSQUEZ







La poeta Amparo Romero Vásquez, directora de la Fundación de Poetas Vallecaucanos, es una de las promotoras de la poesía más dinámicas que tiene el occidente colombiano. Su poesía se está abriendo espacio en el anchuroso firmamento de la poética colombiana.

MEDARDO ARIAS SATIZABAL








A mi juicio Arias Satizábal es el poeta más valiosos del occidente colombiano. Conozco su poesía hace casi tres décadas y no me canso de leerlo, no obstante que su producción es escasa. Lamento que le dedique más tiempo a otras actividades como el periodismo que a la poesía. Su frase "Salomón Borrasca no tiene un sólo verso que la defienda" publicada hace 25 años, se la respondo con esta: Medardo Arias no tiene un solo verso malo.